06 octubre, 2011

MELCHOR RODRÍGUEZ,"EL ÁNGEL ROJO",EL VERDADERO HÉROE DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

EL ÁNGEL ROJO
SEVILLA 30-5-1893
MADRID 14-2-1972
    Melchor Rodríguez García nació en Sevilla el 30 de Mayo de 1893, perdió a su padre siendo muy niño en un accidente en los muelles del Guadalquivir. Estudió en el colegio del asilo hasta los 13 años de edad, pero debido a la acuciante pobreza sufrida por su familia, compuesta por su madre y dos hermanos más, se vio obligado  a abandonar los estudios y comenzar a trabajar como calderero en un taller de su ciudad natal.

   Situaciones familiares parecidas eran muy comunes en la España de aquellos años entre la clase obrera, y como tantos otros adolescentes de la época, con una mezcla de necesidad de escapar de la miseria y pasión por la fiesta de los toros, inició una carrera taurina que lo llevó a torear en Madrid, donde sufriría una grave cogida en Agosto de 1918 retirándose dos años después.

Terminada su carrera sin haber alcanzado el éxito y la fama, lo volvemos a encontrar en Madrid trabajando como chapista en 1921. Comenzó entonces a sentirse atraído por los movimientos obreros de la capital y terminó afiliándose a la Agrupación Anarquista de la Región Centro desde su fundación. Militó finalmente en  la C.N.T, donde debido a su lucha por los derechos de los reclusos, fue encarcelado en numerosas ocasiones durante la Monarquía y los primeros tiempos de la República.

 Cuando estalló la guerra civil en 1936, Melchor Rodríguez fue nombrado Delegado Especial de Prisiones en Madrid. La situación de las prisiones en la capital era lamentable. De manera continua los presos eran desalojados y ejecutados en los pueblos de las cercanías sin juicio previo, y muchos políticos y militares de la República justificaban estos actos de barbarie. Los militares por una cuestión estratégica sobre todo, ya que las tropas Nacionales se hallaban desde el principio de la contienda en las mismas afueras de la ciudad. El frente de guerra por lo tanto se hallaba muy cercano a las cárceles donde se hacinaban destacados presos fascistas entre los que se encontraba un gran número de experimentados militares pertenecientes al bando enemigo.

   Si las prisiones eran liberadas, eso supondría dotar a Franco de unos excelentes y cualificados refuerzos que podrían facilitar la conquista de Madrid por parte del ejercito Nacional. Por otro lado,desde el punto de vista político, como el pueblo de Madrid sufría enormemente por los constantes bombardeos y el cerco inmisericorde de las fuerzas Nacionales, era muy fácil alimentar el odio contra sus tropas después de que un que un cruento ataque aéreo causase numerosas víctimas en la capital, lo que prevenía la posibilidad de acción de la tan temida "quinta columna". Es decir, de los partidarios del bando Franquista que se encontraban en la sombra entre la población de la ciudad.

  Todos estos factores explican fácilmente los motivos por los que Melchor poco pudo hacer para acabar con los asesinatos en las prisiones de Madrid, aunque lo intentó desde el primer momento en que asumió su cargo, así que decidió dimitir tan sólo cuatro días después de haber tomado posesión, el catorce de Noviembre.
  Esta dimisión causó las protestas del cuerpo diplomático y del presidente del Tribunal Supremo Mariano Gomez. De este modo, el cuatro de Diciembre,el Ministro de Justicia, el Leonés García Oliver, miembro también como Melchor de la C.N.T, decidió reponerlo en su puesto pero dándole esta vez plenos poderes como Delegado general de Prisiones.

   Sólo entonces pudo Melchor Rodríguez poner fin al régimen de terror y a los asesinatos en las cárceles de la República, con grave riesgo para su vida en numerosas ocasiones, llegando a enfrentarse al populacho que indignado acudía a las prisiones para tomarse la justicia por su mano, según aseguran los numerosos testimonios de testigos presenciales. Con esta valentía y firmeza salvó la vida a centenares de presos, algunos de los cuales terminarían siendo ministros de la dictadura, como Serrano Suñer, ó el general Agustín Muñoz Grandes, que incluso testificó en su favor, cuando Melchor,perdida la guerra, fue encarcelado por el gobierno de Franco.

   Y es que, aunque conocido entre muchos miembros de la derecha fascista como "el ángel rojo", nuestro héroe no se libró de la represión ejercida por el régimen del Generalísimo. En un primer consejo de guerra fue absuelto, pero el fiscal recurrió,y fue condenado utilizando testigos falsos a 20 años y un día,de los que cumpliría únicamente 5.

   Tampoco renunció nunca a sus ideales, y pudiendo como le ofrecieron tras su puesta en libertad provisional en 1944, ocupar un puesto en el sindicato del régimen ó vivir de un trabajo cómodo proporcionado por muchas de las personas a las que salvó, siguió militando en la C.N.T de la clandestinidad y vivió de manera muy modesta gracias a unas carteras de seguros y escribiendo letras de pasodobles y cuplés con el maestro Padilla.

En 1947, por sus actividades anti-franquistas fue detenido e ingresado en prisión, acusado de introducir propaganda en la prisión de Alcalá, y condenado a año y medio de pena que cumpliría en Carabanchel.

   En 1972, acudieron a sus funerales muchas personas de ideologías enfrentadas, tanto falangistas como cenetistas. Y aunque durante su sepelio, se canto el himno Anarquista,"A las barricadas", no se produjeron incidentes de ningún tipo, la mejor manera sin duda,de despedir al único y verdadero gran héroe de la Guerra Civil Española.

Como homenaje a su figura,nada mejor que leer sus propias declaraciones publicadas en el Diario fascista "Ya" el 21 de Abril de 1939:

-¿Por qué Vd., siendo anarquista, salvó la vida a tantos nacionales en el periodo rojo? -Simplemente era mi deber. Siempre me vi reflejado en cada preso. Cuando me encontraba en la cárcel, pedí protección a los monárquicos, a los derechistas, a los republicanos... a aquellos que se encontraban en el poder; entonces me consideré obligado a hacer lo mismo que había defendido cuando yo mismo estuve recluido en las cárceles, es decir, salvar la vida de estas personas.
-¿Le resultó fácil? -Ahora puedo decir con satisfacción que a menudo me arriesgué a perder la vida propia por salvar las de otros. Muchas veces en mi propio despacho me apuntaron al pecho con el cañón de un revólver. Salía del problema echándole valor. Cuando regresé a Madrid después de haber salvado de la muerte a 1.532 presos en Alcalá, tuve que escuchar unos tremendos insultos y amenazas de jefes de relevancia que hasta llegaron a acusarme de ser un fascista.
Tuve a menudo la posibilidad de huir de la zona republicana, pero no la aproveché, porque ¿quién se hubiese preocupado de los 12.000 presos que había en las cinco cárceles de Madrid, y de los 1.500 en la de Alcalá, de las 28 personas escondidas en mi casa y de muchas, muchas más? Solamente yo podía hacer esto. Ahora debo decir que estaba solo en este asunto. Ninguno de ellos, (de los rojos), me prestó ayuda...»