16 octubre, 2010

VOLVER

Iniciar un viaje supone siempre un esfuerzo,no importa hacia donde vallamos. 

   El simple echo de abandonar nuestra vida habitual, nuestros horarios, nuestras costumbres,nos crea un extraño estado de ánimo.

   A veces supone una liberación de la monotonía aplastante de nuestra vida cotidiana, otras, en cambio , (cuando tenemos que viajar por obligación) , es una molestia que suele ponernos de mal humor, irritables, en contra del mundo, y apenados por la fatalidad de tener que ponernos en camino.

   Sin embargo, debemos, ó así lo creo yo, disfrutar, pensar en lo positivo, abrir nuestra mente al lugar que visitamos , (dentro de lo posible obviamente,si nuestro viaje se debe a  motivos de salud difícilmente tendremos ánimos para encontrarnos de buen humor, aún así no debemos olvidar que una buena actitud es siempre la mejor medicina).

   En estos días , (y por eso escribo de ello) , me vi obligado a realizar uno de esos viajes molestos, inconvenientes. Esos viajes que nos rompen los esquemas, aunque para las personas que me acompañaban era un viaje deseado, pues volvían al lugar que los vio nacer y que abandonaron para estar conmigo, para mi suponía un problema, más que por el viaje en en si, por su inoportunidad, pero ahora que vuelvo a casa puedo decir que lo disfruté, y que saqué de él lo mejor que podía sacar.

   Vi sonreír a mis seres mas queridos, con esa luz en los ojos que sólo tienen aquellos que regresan a casa, y sólo eso es suficiente motivo de satisfacción, a pesar de que también, para ellos , (como todo viaje de reencuentro) , había motivos también para las lágrimas y la tristeza.

 Puede que la vida sea sólo una sucesión de casualidades, tal vez en este mundo consumista y deshumanizado que nos a tocado vivir los sentimientos sean sólo cosas desechables, inconvenientes, que muestran nuestras debilidades a los demás, pero yo creo que en cambio nos hacen humanos, nos enseñan a vivir con empatía y comprender a los otros al poder verles, por unos instantes,tal y como son.

  Ningún sentido tendría culpar a los hados de todo aquello que nos pasa, mucho de lo que vivimos se debe sobre todo a nuestros propios errores y dudas, pero también hay que reconocer que son siempre ellos los que nos dan la oportunidad de vivir las experiencias que nos forman como seres humanos.

   Más nos vale entonces aprender de ellas con humildad. pero con las riendas de nuestro propio destino en las manos. No como meros espectadores, sino como protagonistas. Dejándonos llevar por esa "casualidad" y a la vez escogiendo nuestro camino con arrojo y valentía, sin temor a equivocarnos, pues  en los errores y rectificaciones es donde en realidad se aprende a vivir. 





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